Testimonios de la 8° Audiencia

Armando Dauverné ( hijo de Héctor Dauverné )

El 4 de Abril del 1976, en un operativo  conjunto  a cargo de Mussere y otra persona que era del ejército o gendarmería que nunca le conoció el nombre, allanaron la casa de sus padres que no estaban. Recordó: “Ese día, cuando llego a lo de mis padres y veo muchos policías, me paro, pregunto qué pasa, por respuesta recibí una golpiza muy grande, los vecinos gritaban que no me golpearan más. No revisaron nada, fueron derecho a la pieza de mi hermana Ester  y sacaron de la cómoda un álbum de fotos donde estaba  Susana Sanz. Me llevaron a Tribunales y me golpearon; después me volvieron a traer a la casa y esperamos a mis padres. A  mi padre, le hicieron firmar el acta de allanamiento, se lo llevaron detenido y mi mamá quedó presa en el  domicilio. Un militar, que se presentó como el teniente Guevara, trasladó a Tribunales a mi padre donde yo le llevaba comida que dejaba en  la guardia. Muy conmocionado recordó: “A mi madre durante el allanamiento, la hicieron entrar al baño en presencia  de un soldado.”

A los tres o cuatro días llegó mi hermana con su familia de Malargüe donde trabajaban. Fue detenida junto a su hijo de un año y su marido por Labarta y Fierro,  a quienes conocía porque siempre iban a la casa de mis padres. Fui a la 8° donde estaba mi sobrino, de ahí fui con él al correo donde me volvieron a golpear y me entregaron a mi sobrino. Llevaba la comida para todos; me hicieron firmar la custodia de mi mamá como presa domiciliaria.”

En una oportunidad, llamado por los médicos de la policía, Armando pudo ingresar  a ver  a  su padre,  epiléptico, tirado en el piso con el que no pudo hablar.  También reconoció entre los detenidos  a Ortemberg, Flores, Riera y Barahona. La segunda vez que entró  a ver a su padre, reconoció a un muchacho  de apellido Montenegro que era pintor de cuadros, estaba muy golpeado y según su criterio médico su estado era grave. Aclaró: “Los demás detenidos estaban muy nerviosos, no hablé con ellos, solo revisé a mi padre.” A los cuatro o cinco meses, le avisaron que su papá estaba internado en cirugía del hospital. Esto fue después de una golpiza que le dieron mientras estaba colgado y creyeron que se estaba muriendo. Allí lo custodiaba la policía y  que en Tribunales eran policías, militares y penitenciarios.

El testigo refirió que en la Municipalidad, cada vez que iba, lo golpeaban y lo torturaban psicológicamente diciéndole que iban a violar a su hermana y matar a su papá.  En ese lugar, vio a Stuldelher y al mayor Suárez, también a Víctor Hugo Quiroga y Edgar Martín Ferreira, que eran informantes del Ejército.

Que cuando le dieron la libertad a su hermana, él la fue a buscar la Municipalidad, que a su padre lo retiró del hospital y que luego él fue llevado a ver al mayor Suarez y lo golpearon nuevamente. Que él fue a la bodega Garbín a buscar a las diez de la noche a su cuñado, Hugo Riera, cuando le dieron la libertad junto a otro detenido, Flores, que estaba muy asustado y nervioso porque sabía que a los que le daban la libertad de noche,  “los chupaban y desaparecían” por lo que lo llevó hasta cerca de su domicilio mientras eran seguidos por dos patrulleros. Flores, se tiró del vehículo y se resguardó en unos matorrales  donde permaneció hasta la mañana.

En la bodega vio a López y a Mussere, que era muy sanguinario. Su casa fue allanada varias veces por el ejército y policía,  decían que el responsable  era el hijo de Videla, que estaba en San Carlos o Eugenio Bustos. En estos operativos siempre preguntaban por Susana Sanz; en una oportunidad, cree que a fines del 76, lo amenazaron con pegarle un tiro en la cabeza si no les daba esa información.

Declaró también que él y los médicos Trovarelli y Petricorena fueron acusados de terroristas. Fue obligado a renunciar al hospital. Expresó: “Vi tanta omnipotencia, como que eran los dueños de la vida y la muerte.”

Aclaró que Susana Sanz era abogada laboral, fue acusada de ser montonera, le pusieron dos bombas y  se fue del país con sus hijas. Acá, a ningún detenido le encontraron algo. Toda mi familia fue siempre peronista.

Manifestó que fue a ver a su domicilio a Aldo Soto cuando fue dejado en libertad. Estaba muy golpeado y lo asistió médicamente.

Su padre le comentó  que Labarta era quien  lo torturaba; el mismo que, antes del 1° Juicio, amenazó a su madre en la plaza San Martín diciéndole: “Nosotros vamos a volver”.

En busca de ayuda recurrió  al obispo monseñor León KrucK para pedir por su hermana, le respondió:”Si está detenida por algo será.”

Sabe que el policía Oscar Pérez era agente del D2.

MARIO  BRACAMONTE

Trabajaba en la Municipalidad y militaba en la JP. Fue detenido el  14 de Abril del 1976 cuando se presentó  en la Municipalidad, por orden del capitán Stulderher para que a cambio, le dieran la libertad a su esposa, Epifanía Torres, que había sido detenida en un operativo de allanamiento en su casa. Sin mediar explicación, lo torturaron en los baños de la Municipalidad.

El testigo relató en detalle el itinerario vivido por la mayoría de las víctimas luego de sus detenciones.

En Infantería reconoció al jefe, David Massaccesi  y al policía Mir que los custodiaba. Vio al detenido Coco Ponce.

En Tribunales estuvo 5 meses. Compartió celda con los detenidos Riera, Barahona, Rosales, Flores, López, Douverné y Castro;  en el calabozo del medio estaba Martínez Baca (ex  gobernador) y Mendoza (ex vice gobernador) y en otro calabozo estaban las mujeres.

Relató: “El 9 de julio llegaron el mayor Suarez, Labarta, Fierro, Guevara, Mussere y el capellán Reverberi; nos dieron una paliza desde las dos de la tarde a las seis. En las noches llegaban borrachos y nos bailaban; en Bomberos me torturaban mientras me preguntaban si era montonero y si conocía a Susana Sanz.”

En Tribunales recordó que vio  morado de tantos golpes a un muchacho de Alvear, Montenegro, que permaneció  tres días.  Una noche llegaron el mayor Suárez  y  Ruiz Soppe que le dijo: “Aguantá una paliza más” y se lo llevaron. También vio en ese lugar, a Pepe Berón que está desaparecido.

El 26 de Setiembre lo trasladaron a la Penitenciaría de Mendoza y luego lo trasladaron junto a  Chávez, Barahona, Porra y otros detenidos a la U9 de La Plata donde permaneció 6 meses y le dieron la libertad.

Conmocionado mostró al Tribunal, las marcas en sus muñecas, producto del maltrato en el traslado a Buenos Aires y contó la variedad de torturas sufridas en toda su detención: golpes, culatazos, simulacro de fusilamiento, picana y submarino en donde le reventaron los tímpanos por lo que quedó sordo de un oído.

Por último manifestó: “Labarta nos conocía del barrio como militantes de la  juventud peronista.”

Hugo Adelmo Antonio Riera

El testigo refirió que trabajaba en la CONEA de Malargüe, era sindicalista; secretario general de ATE de Malargüe. El  día 10 de abril de 1976 , le ordenaron que se presentara en la Mina Huemul, allí el capitán Bosa le dijo que estaba despedido.  El  domingo 12, fue detenido en San Rafael, en la casa de sus suegros de donde ya había sido secuestrada su esposa embarazada y  su bebé, por dos conocidos de la familia; Labarta y Fierro, vestidos de civil que  dijeron que el mayor Suárez quería interrogarlo. Lo llevaron al Correo en su propio auto; allí lo custodió el Ejército. De ahí lo trasladaron a Infantería con custodia de la policía y lo alojaron en los calabozos de chapa. En ese lugar no lo tabicaron, vio a su esposa, al bebé y a Magallanes. Lo interrogaron acerca de si su casa fue allanada y si tenía material secuestrado, si conocía a Susana Sanz de Llorente, a Javier Nasser y a Santucho. Respondió  que conocía a Susana porque era familiar y vecina, a Nasser porque era el farmacéutico de Malargüe y a Santucho por el diario; el escribiente era Cuervo y otros militares a los que no reconoció. También vio  detenido a Escobar que era administrador del Hospital Ferroviario, Bracamonte, Roberto Rosales, los Flores  y otra señora que no conocía. Después de 12 días fue trasladado a la Departamental. Allí vio a Flores, Bracamonte, Rosales, Magallanes, Chaqui, Angélica, otro hombre de Agua y Energía que no recuerdó el nombre, el señor Dauverné, Valdez, Quinteros de la DGI, Aguinaco, Castro, López, Porras, Calívar, Marta Agazzini de Chaqui y a Ester Dauverné, su esposa. Estaban custodiados por los guardiacárcel y por la policía de la provincia.

En la Departamental fueron objeto de humillaciones, torturas y vejámenes de todo tipo, sin asistencia médica ni judicial. El testigo relató tres o cuatro episodios  coincidentes con testimonios anteriores siempre a cargo de Musserere, el teniente Guevara y el mayor Suárez. Recordó que solo dos veces al día los sacaban para llevarlos  al baño a Bomberos; en ese trayecto, cruzaban el patio y desde ahí veían a la gente que trabajaba en Tribunales e inclusive el Dr. Acosta que tenía su oficina enfrente de la celda. También que a media noche, venía Daniel López, jefe de la 8° a interrogarlos. En una ocasión para torturarlos fueron llamados de a uno, vendados y llevados a Bomberos. De esa manera infundían miedo.

En ese lugar recibió la comunicación de su despido laboral por medio de su jefe, Villavicencio y un policía de nombre Díaz; le trajeron la indemnización, y se la entregaron a su esposa.

En otra ocasión, les dijeron que serían puestos en libertad pero en realidad todos fueron trasladados a Mendoza menos Flores y él. Luego trajeron detenidos a Humberto Roca, los hermanos Ríos, Rubio y Orlando Martínez a quien tuvieron que hacerle una sangría por problemas cardíacos y se lo hicieron en Bomberos. Después trajeron a José Berón, Montenegro quien venía muy golpeado, Massini y Barahona. También allí vio a Arturo Mendoza y a otra persona.

Reconoció haber visto al imputado Norberto Mercado que era amigo de la familia.

Su familia, a pesar de no hacer ningún trámite judicial, recurrió al obispo Kruck quien les respondió: “En algo andaría metido”. También recurrieron al Mayor Suárez, quien le dijo: “Ahora está bien, pero mejor que no vaya a verlo para que no lo maten delante de usted.” También fueron sus hermanas custodiadas por el imputado Alonso y pudieron verlo.

En octubre, desde Infantería fue trasladado junto a Magallanes y Flores a la Bodega Garbín donde les dieron la libertad. En ese traslado también iba Pepe Berón, que está desaparecido. Ahí ubica al médico Cristóbal Ruiz y al militar Cuervo.

Cuando salió en libertad siguió estando vigilado por el agente Bleuger.

Como lo habían despedido, los compañeros de trabajo solidariamente los ayudaban a los que el  jefe  reprendió diciendo: “Cómo van a ayudar a Montoneros”. Le costó la reinserción aún en la democracia porque los jefes eran los mismos que en la dictadura. También refirió que tenía adjudicada una casa y que la administración demócrata se la entregó a otro.

El testigo relató que en abril de 2012, se presentó en su casa el policía Norberto Mercado, imputado en este juicio;  le pidió  que ejerciera influencia sobre los jueces  y que no lo involucrara en lo de los genocidios porque tenía familia que resguardar. Agregó: “No fui  a la Fiscalía pero  lo estoy declarando igual.”

 

Jorge Emilio Tejada

Era chofer de un vehículo Rastrojero de la Municipalidad y por la tarde daba yudo en el salón del gremio.

Sin precisar fecha, refirió que fue detenido a las 20 hs. en el salón municipal por militares, le retuvieron el libro con las direcciones y teléfonos de los alumnos y lo llevaron al Correo para interrogarlo.

Trabajó hasta 1977  en la Municipalidad, trasladando a militares y policías en ese vehículo para los operativos. En ese año lo echaron y no preguntó por qué ya que había visto demasiadas cosas y tenía miedo.

 

Carlos Massini

(hermano de Héctor Massini)

A principio de agosto del 1976, un operativo militar y policial allanó el estudio de abogacía de su hermano Héctor, ubicado en la Av. Hipólito Yrigoyen 71.  Detuvieron a Héctor, se llevaron documentación y un libro de Trelew. Primero lo llevaron a Infantería, luego a la Departamental, después fue trasladado a Mendoza y por último a la U 9 de La Plata. En total, Héctor estuvo detenido un año y cinco meses. Refirió el testigo que pudo ver a su hermano en el patio de Bomberos desde Tribunales, que fue torturado en San Rafael, en el traslado a La  Plata y en la U 9.  Dijo: “Héctor nunca quiso hablar de lo que le pasó ni de lo mal que estuvo.”

El testigo afirmó que el teniente Guevara y mayor Suárez participaron del allanamiento en el que fue detenido su hermano. Identificó al policía López, como agresor de su hermano.

Consideró que la causa de la detención de su hermano fue su actividad política: en el 75 crearon, junto a Porras y Fajardo, la Asociación de abogados peronistas y realizaron gestiones sin éxito por detenids políticos; además fue  Funcionario en el Ministerio de Bienestar Social de la provincia durante el gobierno de Martínez Baca. Aclaró: “Era un cuadro político.”

El testigo manifestó que, en esa época, su padre era  Comisionado Municipal y también fue detenido.

Refirió  que él trabajaba de Asesor Jurídico de la Policía de San Rafael.  Contó que Baez Colte  lo amenazó cuando  su hermano estaba detenido. Trabajó ahí hasta julio del 77 cuando le pidieron la renuncia por continuar perteneciendo al peronismo y por estar su hermano detenido. Que conoció a Daniel Huajardo en ocasión de su trabajo como asesor. Que conocía a Labarta y Fierro de Investigaciones, además conocía a Labarta por el deporte.

El testigo refiere que a su hermano lo detuvieron porque pensar era un delito y por su concepción social de compromiso por el otro. Que no tuvo contacto con él pero que su esposa sí, que nunca preguntó el motivo legal de la detención ni habló con autoridades judiciales ni recordó haber interpuesto Habeas Corpus a su favor. Que las hijas de su hermano presentaron en el Juicio anterior, las memorias de éste, pero que él aún no las leyó.

Ante la pregunta de la Defensa de la defensa acerca de cuál era el papel de la Policía, respondió: “No era un simple elemento de apoyo, sino que actuaban en forma conjunta”.

Champi Sueta

(cuñado de Héctor Massini)

El testigo manifestó que al momento de los hechos tenía entre 22 o 23 años. Lo detuvieron al mismo tiempo que a su cuñado Héctor Massini, por sus ideas políticas afines a la izquierda; era amigo de Sonia Luna y Marta Guerrero simpatizantes del ERP. Cuando fue puesto en libertad, se fue a Ñacuñán  a caballo.  Un tío que era Coronel, le consiguió un pasaporte y se fue a Italia, de allí a Suiza. Fue cambiando de países, pasó por Brasil, Bolivia y Perú. No quería volver y se enteraba de lo que ocurría por carta.

no hizo ningún tipo de denuncia, tenían mucho miedo.

Explicó:” En San Rafael no había lucha armada sino sólo estudiantes de política. Sin embargo todos usábamos apodos porque había una estrategia de clandestinidad y no se podía decir libremente que estudiábamos marxismo.”

Dijo  que no conoció a Félix Órdenes. Agregó que nunca hizo denuncias sobre su detención porque tenía mucho miedo.

Gerardo Pozo

El testigo refirió que conocía a Omar Ozán como cliente de su taller de zapatería. Relató que estaba en su negocio al atardecer,  cuando aparecieron dos hombres que sin mostrar credencial alguna, le preguntaron su nombre y pusieron a ambos contra la estantería. A Omar Ozán se lo llevaron a eso de las 20hs o 21hs, sin que opusiera resistencia. Los secuestradores  iban de civil, con sombrero y sobretodo, estaban armados; no cree que Ozán los  conociera. A él lo dejaron encerrado en el local, sacó el vidrio y le avisó al dueño del local lo que había ocurrido. Luego fue a la comisaría de Pueblo Diamante con su hermano policía porque que le dijo que eso era lo más seguro, e hizo la denuncia. Esa misma noche la esposa de Ozán fue a su casa pero si hoy la viera, no la reconocería.  Dijo: “ A Ozán ni volví  a verlo. Durante mucho tiempo tuvo miedo y no salía de la casa”.

Manifestó que declaró  ante el juez Acosta en el Juzgado Federal y que también  lo hizo en el Comando del Ejército en la ciudad de Mendoza.

La Querella presentó la declaración del testigo en el Comando del Ejército, efectuada el día 19 de marzo del 1986, ratificando la fecha de detención de Omar Ozán el 7 de julio de 1976 y la declaración ante el Juzgado Federal de San Rafael del 23 de febrero del 1977; en las que reconoció sus firmas.

Elena Carlos Solís

(Declara por Marta Angélica Guerrero)

La testigo refirió que conoció  a Marta Guerrero por intermedio de Paula Aybal. Se alojaba transitoriamente en la casa de Marta, sito en la Av. 9 de Julio y Santa Fé. Estaba allí cuando se la llevaron aproximadamente a las 21hs de marzo o abril de 1976. Entraron violentamente cuatro o cinco hombres armados y de civil, las tiraron boca abajo y se  llevaron a Marta.  No supo nunca más nada de ella, cree que seguramente la mataron. Hizo la denuncia en la comisaría 32 de la Av. Hipólito Yrigoyen, pero nunca la volvieron a citar.

Agregó: “Marta  tenía actividad política, era consciente del peligro y tenía ganas de irse. En su casa se hacían reuniones y había panfletos políticos que desconozco qué decían, hablaban del ERP; era gente muy buena que trataban de ayudar a los demás.” Recordó que Marta tenía una hija adoptiva que era hermana de la hija adoptiva de Paula Aybal.

Sergia Edith Romero Bordoniú

(Responde por la detención de Ricardo Demetrio Ríos)

Vivía en la casa contigua a  la de Ricardo Ríos en la calle Castelli entre Matienzo y Fleming. Manifestó: “La madrugada del 30 de junio de 1976 escuché un golpe muy fuerte, gritar a la esposa y llorar a los chicos, abrí mi puerta y vi autos parados en los puentes, por la ventanilla de uno vi asomar un arma; y a dos personas en la ventana de la casa de Ricardo. Me gritaron que entre y después que cerré la puerta escuché gritar a Ricardo. Cuando los autos se fueron, volví a salir porque seguía escuchando gritos. Habían roto la puerta, hacía mucho frío. Le dije a su esposa que esperara a que amaneciera para avisarle a su familia. Vi salir de la calle Matienzo, varios autos; uno de la policía. Más tarde encontraron un zapato de Ricardo en la acequia y otro dentro de la casa.”.

Refirió que Ríos era pintor de obra y militaba en la Unidad Básica de la JP  de la calle Alem; sabe que está desaparecido y que su señora anduvo averiguando por todos lados; que conoció a Irma Berterré porque iban juntas a la escuela nocturna, a  Luis Sabéz  y a su hermano médico porque, como ella, trabajaban en el Hospital. También conocía al Dr. Hermes Díaz pero  no recuerda si era socio del Dr. Ruíz.

En 1981 o 1982, la citaron a declarar en el distrito militar de Mendoza.

 

 

 

 

 

 

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