Testimonios de la Quinta Audiencia

Daniel Sandoval (hermano de Pascual Sandoval y primo de Coco Sandoval)

Relató que el 25 de marzo de 1976 alrededor de la 1 de la mañana, militares allanaron la casa de sus padres. Buscaban a su hermano Pascual que no vivía ahí. Amenazaron a toda la familia para que les informaran acerca del paradero del mismo, mientras revolvían todo y el mayor Suárez, al que reconoció porque lo conocía de antes, preguntaba donde estaban las armas. Se llevaron al hermano menor, Rafael, para que dijera donde vivía Pascual. Ante semejante situación, el padre les dijo que vivía en la calle Centroamérica y que trabajaba en una finca en Colonia Elena.  El operativo duró como hasta la 3 de la mañana por lo que su madre se descompuso.

Fueron a buscar a Pascual a su casa pero como no lo encontraron se dirigieron a su lugar de trabajo. Posteriormente su tío, hermano de su padre, que estaba en la finca les contó que un día a la hora de la siesta, vio el secuestro de su sobrino Pascual. Dijo que lo ataron con alambre de púas y lo tiraron a un camión, que también observó vehículos particulares.

Durante 4 días la familia le llevó comida a Pascual  a la calle Deoclesio García y  a Tribunales. Luego les enseñaron  un libro firmado como prueba de que lo habían dejado en libertad. La madre no reconoció la firma de su hijo porque él no sabía casi escribir. Pascual nunca regresó a la casa ni supieron nada más de él. Su madre falleció sin saber lo que pasó con su hijo.

En los libros consta que Pascual Sandoval fue detenido el 23 de marzo por López por orden del Mayor Suárez y que recuperó la libertad el 31 de marzo de 1976 a las 2,25 horas, previo examen médico del dr Cristóbal Ruiz.

El testigo narró que su tío también les contó tiempo después, que a los dos días de la detención de Pascual, se llevaron a su hijo Coco Sandoval (él cree que su nombre era Manuel), que  estaba en la finca cuando se llevaron a su primo; que había salido recientemente del Servicio militar y reconoció a uno de sus captores. Nunca más  vieron a Coco ni supieron de él.

Daniel Sandoval recuerda que se sentía culpable de lo que había sucedido porque él era el que militaba en la JP montoneros. Que vivía en Pueblo Diamante y trabajaba con los del Barrio Usina haciendo gestiones por el agua potable, limpiando, haciendo proyectos y formando la Unión Vecinal. Participaban también Berohiza y todos los demás. Aldo Fagetti, empleado de Rentas y estudiante, trabajaba en el barrio Usina con Berón y Torrejón.

Manifestó además que se enteró en una reunión política que Labarta era policía y  lo veía siempre con el Poroto Sosa que andaba en bicicleta.

 Héctor Ramón Ortiz

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El testigo relató que era docente y estudiaba libre abogacía. Pertenecía a la rama  ortodoxa del PJ y lo seguían permanentemente en aquellos años. Fue detenido en tres oportunidades, dijo: “el 23 de marzo de 1976 estando junto a Chaca, los hermanos Favari, Metcalf y su señora, cuatro policías nos esperaron a la salida de una reunión en la JP, nos detuvieron y llevaron a la Comisaría 8°. A  la mañana siguiente, nos dieron la libertad. El 25 de marzo me detuvieron nuevamente y me llevaron a la 8° con Favari y Metcalf. Permanecimos dos días ahí y nos dieron la libertad. El policía López me dijo que me cuidara que él sabía lo que  decía. El 17 de setiembre de 1976, me secuestraron en un Ford Falcon blanco y cuándo pregunté por qué me detenían, el Coronel Yasuf me dijo ‘Agradezca que lo dejaron vivo, se salvó por ser pariente de Bellene’. Después me llevaron a la Bodega Garbín donde estaba el Mayor Suárez y el Capitán Guevara. El 18 me trasladaron a la Compañía de Comunicaciones donde había 6 personas y me encapucharon. Luego me llevaron al Ejército de Toay, con dos jóvenes que no conocía. Permanecí  en ese lugar, sin recibir visitas, hasta diciembre de 1978 que me dieron la libertad vigilada por lo que me tenía que presentar dos veces por semana. En todas mis detenciones sufrí maltrato psicológico que derivaron en pánico y alergias que aún sufro. Nunca fui tortura dofísicamente.”

Recuerda que un día antes de su 3° detención fue cesanteado por la Ministra de Cultura, Ríos de Luquez, que dio de baja a 30 docentes en el poco tiempo que ocupó el cargo. En 1985 fue reincorporado a la docencia.

El testigo manifiestó que conocía a Sonia Luna porque fue su compañera en la última camada de maestros nacionales. Sabía que ella tenía militancia social en la JPR. También conocía a Marta Guerrero, era docente y militaba en la JP. No conocía a Irma Berterré.

Héctor  reflexiona acerca de que hubo personas e instituciones que colaboraron para que el plan criminal fuera llevado a cabo. Dijo: “Los militares no podrían haber hecho nada sin el apoyo de los civiles”. Mencionó a Mario Moreira, Montesino, Cramero, López, Rafael Lucarelli, Sosa (todos del Batallón 601), Ríos (escribano  del ejército), la Cámara de Comercio, la Iglesia, el Rotari, el Club de Leones y los radio aficionados que daban nombres y también algunos participaban en tareas de seguimiento y persecución. Agrego: “Gente que son mercenarios y que no han sido juzgados todavía”.

Relata además que en el año 1979 o 1980, en oportunidad de estar en Los Reyunos comiendo un asado, se encontró con Raúl del Carmen Gómez que, luego de unos cuantos vinos, le confesó: “Dos veces estuve en la patota que tenía que matarte.” Además le dijo  que él había matado a varios, incluso a Berón.

Aldo Soto

 Relató que era delegado gremial en Agua del Toro. Fue detenido dos veces. La primera vez, en febrero de 1977. La detención estuvo a cargo de Orellano y el imputado Raúl Olguín, que se dio a conocer, lo golpeó mucho. Al día siguiente le dieron la libertad.

En marzo del mismo año lo detuvieron nuevamente con Sánchez, un compañero de trabajo. Los interrogaron y los golpearon mucho. Estaban el Teniente Guevara, Labarta y Fierro. Le preguntaron por Susana Sanz. Debido a la golpiza, perdió el conocimiento. Cuando despertó escuchó que uno de los torturadores decía: “Parece que se nos fue la mano” y otro le contestó: “Bueno, entonces lo tiramos al pozo”.

Una noche, los subieron a una camioneta en la que iba el teniente Guevara, al que dejaron en su casa del barrio Sat. A ellos los bajaron en la calle Libertador, frente al Expreso Malargue y les dijeron que se fueran. Él salió corriendo para un lado y Sánchez para el otro. Temía que les dispararan. Cuando llegó a su casa tan herido, su esposa salió a buscar un médico porque él se tenía que presentar a trabajar al día siguiente. Fue atendido por el dr Dauverne que le dio licencia por una semana dado que en su estado no podía trabajar.

 

 

 

 

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